En el invierno de 1811, llamado año del hambre, fueron enterradas en Madrid unas 20.000 personas, circunstancias propicias para que ese mismo año apareciera el primer cementerio: El de la Sacramental de San Isidro.
A continuación fueron creándose: El de San Nicolás, San Luis, La Patriarcal, San Sebastián, San Martín, San Lorenzo, Santa María y San Justo. Estos cementerios de las sacramentales absorberían buena parte de las bajas habidas por las epidemias de cólera de los años 1834 y 1865. De estas sacramentales cinco son cerradas en 1884 y el resto perduran aún en nuestros días.

Son cuatro sacramentales que aún quedan en activo en Madrid, con cementerios abiertos. Dos de ellos se sitúan sobre el cerro de las Ánimas que ha quedado cercado por las carreteras que desde el puente de San Isidro parte hacia nuevos barrios madrileños, la vía carpetana y el paseo de la Ermita del Santo. El tercero, de San Lorenzo se sitúa sobre la calle de la Verdad a espaldas de la calle de General Ricardos. Y el de Santa María se halla en la calle de los Comuneros de Castilla.

Estos cementerios denotan, que ha habido épocas, en las que las construcciones de los nichos se hacía dentro de unos zanguanes con una columnata exterior y un amplio paseo cubierto por el tejadillo, que cierra unas hileras hasta seis niveles perfectamente recuadradas, en materiales que aún hoy en día muestran su calidad, y todo ello dentro de un buen gusto y una amplitud de espacios que hace, que la estética general de todos ellos, deje traslucir una verdadera ética del tratamiento que aquí se ha dado la muerte.